De la dieta al bienestar: un cambio de paradigma

Hoy en día, como terapeuta, recibo muchas consultas en relación con la pérdida de peso. En una sociedad que propone un estereotipo de belleza ligado a la extrema delgadez, la preocupación central de los pacientes suele girar en torno a las dietas. Sin embargo, nadie consulta acerca de cómo cambiar de estilo de vida hacia uno más sano; y creo que justamente aquí radica el punto central de la discusión.

Para nuestro cerebro, la palabra “dieta”, de por sí, tiene una connotación negativa. Dispara en nosotros una alerta que nos indica que debemos dejar de comer. Para lograr este objetivo, recurrimos a las múltiples propuestas que circulan en internet. Con distintos títulos o promesas, las dietas que se hallan en la web nos detallan con precisión qué comer y cuándo hacerlo. Además, calculan en cuánto tiempo debemos bajar una supuesta cantidad de kilos. El problema es que se presentan como fórmulas a seguir, y no están adaptadas a nuestra realidad persona, individual. De esta manera, nos ponen ante una meta muy alta; a veces, incluso, inalcanzable.

Las dietas que se presentan actualmente en el mercado están plagadas de restricciones: son demasiado severas y, por lo tanto, resultan muy difíciles de sostener en el tiempo. Esto nos puede generar frustración, provocando un efecto contrario al deseado. Al no poder encuadrarnos dentro de los rígidos límites de la dieta y no ver cambio alguno, retomamos nuestros hábitos alimentarios anteriores y nos rendimos.  

La sensación de fracaso impulsada por una dieta imposible de cumplir provoca daños tanto en la salud física como en la salud mental. En el plano del cuerpo, suele ser común el efecto “rebote”, es decir, que volvamos a ganar el peso perdido. En el plano anímico, esta situación genera daños en nuestra autoestima: no sólo seguimos mirando con ojos críticos nuestra figura, sino que a eso se le suman los reproches.

Nuestra autoexigencia es tal, que es frecuente que empecemos a experimentar sentimientos de culpa por no poder sostener un dieta, o sea, por no ser capaces de hacer algo por nosotros mismos. Cuando esto se combina con una baja autoestima, podemos desmoronarnos.

¿Cuál es la salida, entonces? Aquí proponemos que la clave está en un cambio de paradigma: ¿qué pasa si dejamos de lado la palabra “dieta” y comenzamos a pensar en el término “bienestar”? Este movimiento nos ayudará a lograr un cambio genuino y duradero en las conductas que conciernen a la alimentación. No olvidemos que, para percibir cambios físicos, debemos primero revisar y modificar nuestra manera de pensar acerca del tema.

Día a día, vemos cómo muchas personas confunden el proceso que implica conseguir un equilibrio y bienestar, con el resultado de verse delgados frente al espejo. Si ambas cuestiones fueran equivalentes, toda persona delgada sería inmensamente feliz, pero todos sabemos que esto no es así. Vemos entonces cómo es necesario romper con la idea de que la delgadez garantiza o conduce automáticamente a la felicidad.

Si logramos cambiar de paradigma y comenzamos a pensar en términos de bienestar, veremos cómo aumenta nuestra motivación a la hora de cambiar de hábitos alimenticios. Ya no encararemos el tema desde la prohibición, como las dietas lo exigen, sino que lo haremos desde la decisión de encarar una alimentación más sana.

Al poco tiempo, comprobaremos que cuando pasan a ser una elección y no un deber, los nuevos hábitos se sostienen mejor en el tiempo.


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Publicado por Victoria Cipolla

Terapeuta de la red de Terapia Point. "Mi objetivo siempre es encontrar el bienestar de mis pacientes ayudándolos a eliminar la queja de raíz."