Mitos y verdades en torno a la terapia

Como comentamos anteriormente, en cada persona pueden presentarse barreras que generen una actitud de resistencia en torno a la terapia. Además de estos impedimentos individuales, hoy en día siguen existiendo mitos alrededor de esta práctica. Estos hacen que muchas personas se opongan a la idea de comenzar un tratamiento.

Estas creencias circulan de boca en boca y van creando un conjunto de prejuicios acerca de lo que implica acudir a un terapeuta. Es probable que hayas escuchado frases como: “Ir al psicólogo es para locos”; “La terapia no sirve para nada”; “Ir a terapia no es para mí”; “Tengo que estar muy mal para empezar”. Si logramos derribar estas y otras ideas previas negativas, desarmaremos ese imaginario que le impide a muchas personas acercarse al tipo de ayuda que tal vez estén necesitando.

¿De qué se trata hacer terapia?

Hacer terapia consiste en hablar con un profesional en un contexto de escucha profunda, sin prejuicios. La idea de los encuentros es que el paciente pueda compartir con un otro las preocupaciones, inhibiciones y síntomas que lo aquejan.

El diálogo se construye a partir del trabajo conjunto entre ambas partes, paciente y terapeuta. Es habitual que este haga preguntas para entender la lógica de lo que le sucede al consultante.

Entonces, si en realidad hacer terapia consiste en construir un espacio de autodescubrimiento, escucha profesional y confianza, ¿cuáles son los mitos que hacen que la gente tenga una imagen diferente y negativa de ese mismo espacio?

Algunos de los mitos

Así como cada persona construye barreras internas que le impiden comenzar terapia, hay determinados mitos que circulan en nuestra sociedad y obstaculizan la decisión de empezar un tratamiento. Algunos de estos son:

“Hacer terapia es para locos”:

Aún quedan personas que piensan que para ir al psicólogo hay que tener una patología grave. Esto no es así: si bien ciertamente muchas de las personas que hacen terapia se encuentran en una situación psicológica muy comprometida, hay muchísimos otros pacientes que acuden al psicólogo sin presentar un cuadro crítico.

Quizás estés llevando una vida perfectamente sana, con amigos, trabajo, una situación familiar estable, pero sientas que hay algún aspecto de tu vida que te gustaría revisar. Los motivos para recurrir a un terapeuta cubren un amplio espectro: desde desear destrabar alguna situación que no se puede manejar, a entenderse mejor a uno mismo o trabajar alguna inhibición o miedo. En cualquier caso, es importante tener en claro que de ninguna manera el hecho de ir a terapia implica que eres una persona mentalmente inestable.

“Tengo que estar muy mal para comenzar terapia”: 

Todavía circula entre nosotros el mito que establece que para empezar terapia hay que estar en un estado crítico. Esta creencia hace que muchas personas pospongan la decisión de comenzar un tratamiento: “No estoy tan mal, puedo manejarlo solo todavía”; “Iré a un psicólogo cuando ya no pueda lidiar con esta situación”.

Estas son algunas de las frases que se escuchan cuando nos dejamos llevar por este mito. La realidad es que no hay que esperar a sentirnos totalmente abrumados para recurrir a un psicólogo. Cuando antes lo hagamos, más posibilidades habrá de transitar las situaciones de nuestra vida de un modo menos sufriente, disminuyendo la sensación de malestar. 

“Es lo mismo hablar con un amigo o un familiar”:

Si bien hablar acerca de lo que nos pasa con alguien de nuestro entorno puede aliviarnos y ayudarnos, no es lo mismo que hablar con un terapeuta. La conversación que un paciente entabla con un profesional es un diálogo no cotidiano, que puede darle al consultante una mirada diferente acerca de lo que le está sucediendo. Esto se debe a que el psicólogo cuenta con herramientas propias de su profesión que le permiten brindar otro tipo de contención a quien lo está necesitando.

“No creo en soluciones mágicas/ la terapia no sirve para lo que a mí me pasa”:

Hacer terapia no eliminará de manera automática aquello que te hace mal, ya que no existen soluciones mágicas que supriman los obstáculos que la vida nos presenta. Lo que sí hará es ayudarte a transitar de otra forma aquello que te está perturbando o que está obstaculizando tu camino.

Como el espacio terapéutico es un ámbito personalizado que se construye entre cada paciente y su terapeuta, la terapia se adaptará a las problemáticas que cada persona traiga consigo. De esta manera, podemos decir que hacer terapia nos puede servir a todos. Simplemente, hay que encontrar el profesional adecuado: una persona que nos inspire confianza y con la que nos sintamos cómodos y libres, para poder expresarnos tal cual somos.

¿Qué puedo hacer a continuación?

De esta manera, revisar algunos de los mitos que giran alrededor de la terapia puede ayudarte a reconsiderar tu situación y animarte a consultar a un profesional, si estabas pensando en hacerlo. Derribar dichas ideas previas te permitirá estar más cerca de una alternativa que, de seguro, aumentará tu bienestar.


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Publicado por Romina Labaton

Head of Clinical Services en Terapia Point