Una terapia de a dos

¿Qué se te viene a la mente cuando imaginas una relación de pareja? ¿Palabras positivas como estabilidad, comprensión, compromiso, amor? ¿O, por el contrario, términos como discusión, agresiones y desconfianza?

Lo que pensamos sobre este tipo de vínculos está relacionado con nuestras experiencias personales. A su vez, otras parejas cercanas a nosotros, como nuestros propios padres, amigos o incluso personalidades famosas, influyen en nuestras ideas sobre lo que es estar en pareja.

Es indudable que las relaciones de pareja pueden ser una fuente de satisfacción, bienestar y crecimiento. Pero la presencia de dinámicas poco sanas entre las dos personas que la conforman puede afectar no sólo el vínculo entre ellas, sino también otras áreas de la vida: el trabajo, las amistades, la vida familiar o la interioridad.

¿Por qué comenzar una terapia de pareja?

Si percibimos que esto sucede, puede ser muy beneficioso consultar a un especialista. Este puede ayudarnos a identificar qué aspectos del vínculo están dificultando la vida en pareja, de manera tal que puedan trabajarse en conjunto. El objetivo final es que ambas partes vuelvan a sentirse bien, reforzando aquello que los ha llevado a elegirse.

¿Cómo identificar entonces esos comportamientos o sensaciones que están obstaculizando nuestra vida de a dos? La siguiente lista puede ayudarte a revisar tu relación y encontrar los ejes del malestar:

  • Discusiones cotidianas.
  • Fallas en la comunicación y la escucha mutuas.
  • Celos, control y desconfianza
  • Luchas de poder.
  • Dinámicas rutinarias que desdibujan el deseo sexual.
  • Sensación de soledad.
  • Centralidad de los hijos en el vínculo, quedando la pareja en segundo plano.
  • Sentimientos de obligación para con el otro.
  • Rutina, aburrimiento o falta de pasión.
  • Indiferencia.
  • Deseos de que el otro cambie.
  • Imposibilidad de desarrollo personal de uno o ambos miembros de la pareja.
  • Situaciones de malestar, sufrimiento o daño.
  • Falta de compromiso con el otro.

Si una o varias de estas situaciones se presentan de manera cotidiana, puede ser oportuno comenzar una terapia de pareja con un profesional.

También puede suceder que la motivación para comenzar una terapia en conjunto no sea el desgaste cotidiano, sino la aparición de un conflicto puntual. Muchas veces, la dinámica del vínculo que dos personas sostenían puede verse modificada por otras problemáticas, como por ejemplo:

  • Infertilidad.
  • Abuso de sustancias.
  • Adicción al juego.
  • Enfermedades crónicas.
  • Infidelidad.

¿Qué pasa en una terapia de pareja?

Ya sea por prejuicios o desconocimiento, muchas parejas se resisten a recurrir a un terapeuta para repensar su relación. Es frecuente la idea de que las personas acuden a las terapias de pareja para “cambiar” al otro, quien es visto como un problema. Por supuesto que esto no es así. En realidad, las terapias de pareja brindan un espacio de contención y profesionalismo para poder hablar de las diferencias existentes, con la moderación de un profesional que es externo al vínculo.

El terapeuta se ofrece como un puente que acerca lugares distantes y posibilita que ambas partes encaren la problemática desde un nuevo lugar. Abre la posibilidad de escucharse, comunicarse y entenderse. Además, ayuda a que la pareja aprenda a compartir sentimientos, miedos o frustraciones que bloquean el contacto amoroso y saludable.

La terapia de pareja permite destrabar focos de tensión y desanudar problemáticas calladas, dando lugar a una nueva mirada de los hechos. Es un espacio donde podrán identificar y aclarar pensamientos, sentimientos y actitudes que generan conflicto y malestar en la pareja. Si bien cada terapeuta encarará la terapia de acuerdo con sus concepciones teóricas, podemos decir que en todo proceso estarán presentes las siguientes constantes:

  1. El terapeuta trabaja con la pareja en su conjunto, en la relación entre ambas partes, y no con cada individuo por separado.
  2. El profesional puede hacer algunas preguntas sobre la historia de la pareja, ya que cierta información sobre el pasado puede ayudar a entender conflictos del presente.
  3. Se establece una alianza terapéutica y, a partir de ella, se delinean los objetivos del proceso.
  4. El psicólogo ayuda a detectar secuencias que producen negatividad en la pareja, mostrándole a cada una de las partes qué roles están cumpliendo en esas dinámicas negativas y poco sanas. Esto permite revisar las propias actitudes en el vínculo y ponerse en los pies del otro.
  5. Para alcanzar los objetivos propuestos, es posible que los terapeutas le den a la pareja pequeñas tareas para realizar en el día a día, en función de lo conversado en la terapia. Por ejemplo, si el problema de la pareja es la falta de comunicación, el profesional podría sugerirles que, en la cena, dejen a un lado sus dispositivos tecnológicos y conversen sobre cómo les fue durante el día y cómo se sienten al respecto.

¿Qué podemos esperar de una terapia de pareja?

Como todo proceso, enfocar una terapia de estas características requiere del compromiso y la constancia de los dos individuos que conforman la pareja. Si a esto sumamos la ayuda de un profesional competente, la terapia permitirá:

  • Fortalecer las herramientas de comunicación de la pareja.
  • Revisar y reajustar las expectativas que cada uno tiene del vínculo.
  • Crear un clima emocional positivo.
  • Recuperar la intimidad.
  • Respetar las diferencias del otro.
  • Equilibrar el poder y las responsabilidades en la relación.
  • Ejercitar la empatía.
  • Incorporar una actitud flexible y contemplativa hacia el otro.

Como ves, la terapia de pareja permite enfrentar un abanico muy amplio de problemáticas que pueden estar afectando la vida de a dos. En estos espacios, podrás redescubrirte junto a tu compañero o compañera para transformar las dificultades en grandes motores de cambio.


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Publicado por Romina Labaton

Head of Clinical Services en Terapia Point